12 sept. 2011

Una vez más

Aunque ya no esperases, aquí estoy, porque sigues dentro de mí. Aunque durante mucho tiempo pensé que te habías ido del todo.
Creo que me di cuenta hace unos días, escribiéndole un correo  a un amigo.
Él me había dicho en el suyo que, a pesar de su edad (tiene 62 años) seguía esperando encontrar el amor de su vida, enamorarse plena y apasionadamente de una mujer. Ha estado casado dos veces y, paradojicamente, sigue sintiendo la falta de ese amor. De alguna forma, aunque no me lo ha dicho explicitamente, parece que se ha enamorado de mí o, mejor dicho, le he gustado tanto (eso sí me lo ha dicho muchas veces) que esperaba que yo fuera esa mujer.
Le contesté y en mi respuesta le dije que el amor no llega por mucho buscarlo y que suele suceder al contrario. Aparece cuando menos lo esperas. Le dije que, no obstante, esa busqueda es algo a lo que nadie nos resistimos, que todos lo ansiamos y que, en cualquier caso, yo podía sentirme afortunada porque lo había sentido, lo había recibido, lo había vivido.
"Quizá -le confesé- no esté en condiciones de dejar entrar a otro hombre en mi vida porque él sigue estando dentro de mí; porque cuando miro hacia dentro, allá, en lo más profundo de mí, sigue estando él. No soy capaz de dejarlo atrás, en el pasado. Seguramente es que no quiero hacerlo"

Y es así. Literalmente. Aún cuando parece que ya no estás, que apenas queda un vago recuerdo de ti, lo cierto es que cuando miro hacia dentro, solo estás tú. Inclluso mi sexcualidad solo responde cuando mi pensamiento está contigo.
Te hablé de ese otro hombre que apreció en mi vida y me hizo dudar, pensar que él podía ocupar ese espacio que se quedó muerto tras de ti. Lo cierto es que las veces que tuvimos relaciones fueron bastante desastrosas. Excepto una: La ünica en que mi cuerpo estaba con él y mi pensamiento contigo.
¿Sabes que pensé ese día? Que era como si hubieras propiciado tú ese encuentro para hacerme el amor una vez más; aunque fuera a través del cuerpo de otro hombre. Hubo un par de veces más, pero a cada una se iba mostrando más desastrosa esa relación; ya no estabas tú en mi pensamiento, no había magia.

Paralelamente a eso, es curioso lo que mi pensamiento ha contempaldo estos días pensando en nuestro misterio. En el tuyo, en el que mantuviste cerrado e inexpugnable durante todo el tiempo. Porque tú quisiste que fuera así. Lo cierto es que no quisiste abrirme esa puerta de ti mismo. Con todo tu amor hacia mí, con esa devoción y pasión por mí, esa puerta la dejaste siempre cerrada. Eso me ha hecho comprender que desaparecer de repente, fue decisión tuya, que fue así porque tú lo elegiste. No lo juzgo, porque no conozco las razones que te impelieron a tomar esa decisión. Pero fue así y eso no tiene vuelta de hoja. No hay conspiraciones, no hay misterio; solo una decisión que muy bien pudo venir como consecuencia del misterio que tan celosamente guardaste. Pero es así de simple. Elegiste no volver a mí. De la misma forma que yo elegí no sacarte de mí, no arrojarte del espacio que creaste en mi sentimiento aunque eso me esté incapacitando para nadie más que tú.
Durante mucho tiempo me devané los sesos pensando qué querías decirme con aquellos textos que me hiciste leer la última noche. Hoy lo sé. Me estabas diciendo que me amarías para siempre, que el tuyo era un amor que no se oxida con el tiempo, que no se empobrece ni mengua, que no olvida, que es verdadero y profundo.


Hace calor aún, mucho calor. Es una noche de luna llena, escucho buena música y te escribo. Como aquellas tantas noches en que lo hacía no sabiendo cuando leerías mis correos o me llamarías. "Have I told you lately than I love you?" Te quiero.