30 oct. 2011

Acompañando el cambio de hora

Tras un día que parece no haber existido, vivo una noche que se alarga más que niguna otra.
Resulta curioso, casi irónico, que en un mundo en que todo parece empujarnos hacia delante con prisa, en días como hoy todo parezca detenerse para dar un paso atrás. Lo relojes nos dicen que volvemos a vivir algo ya vivido, engañosamente parecen hacernos creer que podemos recuperar algo ya pasado, que los últimos minutos, la última hora, no son más que un simulacro del verdadera tiempo que vuelve a empezar. Pero eso es tan cierto como esa hora que nos roban cuando vuelva a llegar el día de otro cambio inverso.
El verdadero tiempo no lo controlan los relojes; el verdadero tiempo corre o se detiene con nuestros propios impulsos, con la claridad con la que distinguimos la senda de nuestra vida o con la incertidumbre en la que nos sumergimos cuando no tenemos nada claro.
Hoy he estado sumergida en una especie de borrasca; una bruma espesa y densa que me paralizaba. Esta noche percibo claridad de la misma forma en que un cielo borrascoso se abre para mostrar que tras todas esas nubes, permanece la claridad y la luz.
Leí hace unos días una frase que aún recuerdo. "Las palabras son hijas de la carne y si no se las deja salir, se pudren".
Se han podrido muchas dentro de mí; muchas no han encontrado el canal por el que hubieran podido ser expresadas, se han visto sumergidas en una maraña de pensamientos que las ocultaba o las hacía difusas, informes, que las debilitaba hasta verlas fenecer.
Y en esa muerte quedaban atrapadas hasta descomponerse pudriendo con ellas el sentimiento que las hizo nacer.
Si mi mente fuera un campo, estaría lleno de lápidas que recordarían todas las palabras que nacieron para llegar a ti y murieron antes de hacerlo.
¿Qué queda de aquella que conociste? ¿Qué queda de todo ese mundo exuberante y creativo que se recreaba a sí mismo para darte más y más y más y saciarse hasta rebosar con una simple palabra tuya? ¿Qué queda, amor mío, de la mujer que llegué a ser contigo?
¿Es demasiado tarde para decirte que aún te amo?