31 ene. 2011

La complejidad de las emociones

Voy a tratar de explicarte un ejemplo de su complejidad. Uno muy reciente; de hace solo un rato.
Entre las cosas que quería hacer esta noche estaban escribirte, dar un tablón más a este virtual puente, seguir en La leyenda y preparar el trabajo que una amiga me pidió que le hiciera, un informe sobre el control emocional.
Evalúo las distintas opciones y decido empezar por ese trabajo; me meto de lleno en él hasta que se me agotan los recursos y el cansancio hace mella, así que decido acostarme. Pero, en eso, aparece la primera emoción: me siento culpable de no haber atendido lo demás; me pregunto si no debía haber establecido otras prioridades y el sentimiento de culpabilidad por haberos abandonado a ti y a La leyenda va cobrando fuerza. Ese sentimiento, que es más una emoción que un sentimiento,  deprime, me hace sentir mal conmigo misma, hace que me censure y genere decepción por mí misma.
He estado escribiendo en ese trabajo de los procesos físicos del stress emocional y detecto que aunque aparentemente estoy bien, mi pulso se ha acelerado, mi corazón late más rápido y se producirá un círculo vicioso.
Detengo ese estado, respiro con calma y expreso en voz alta mi pensamiento. Siento que me he defraudado; que, una vez más, he dejado de lado lo que debería ser más importante; que he creado un compromiso conmigo misma que no he sido capaz de cumplir; siento vergüenza de mi proceder. Esas son las emociones que encuentro en mí. El análisis racional me dice que lo único que he hecho ha sido valorar la emergencia de cada caso  y que, obviamente, hay un plazo muy corto para la entrega de ese trabajo y no sé cuanto tiempo me costará de realizar; era lógico acometerlo de inmediato y sin dilación.Pero ¿Ha sido realmente esa la causa de la conclusión  o ha sido mi afán protagonista que ha visto en ella el medio de explayarme de la prolongada observación de esos estados de ánimo?
Concluyo que no lo sé con seguridad y me quedo perdida en esa disyuntiva. Lo mejor que se puede hacer cuando no se es capaz de resolver un conflicto solo, es pedir ayuda. Y lo he hecho; me he encomendado a mi ángel y le he pedido ayuda para discernir con buen criterio y poner remedio si había actuado erróneamente en realidad.
Pocos minutos después, a Sally (nuestra perra) le ha dado un nuevo ataque de epilepsia y he tenido que levantarme a atenderla  y, ya sabes cómo pienso, no he podio evitar relacionarlo con mi petición. De repente tenía que salir de la cama, despejarme y mantenerme despierta por si le repetía (le han dado varios) y he pensado que, mis emociones eran ciertas, que ese sentimiento de culpabilidad no devenía de una idea irracional, sino de la realidad. O quizá, si sea irracional porque no se corresponde al análisis racional, lo cual no la hace menos real.
Lo que me hace pensar esto es que no hay malas y buenas emociones; que, al fin, las emociones nos están dando a conocer que existen unos problemas más profundos que son los que desencadenan esas emociones y que son esos los que hay que localizar, indagar, desmenuzar. Ya no es una cuestión de emociones confusas interpuestas, sino de la estructura que le damos a nuestros pensamientos.
El verdadero análisis racional debería haberme indicado que era normal que sintiera esa culpabilidad porque ella me estaba alertando que había dejado de lado un compromiso. Digamos que, en el momento de hacerlo, se crea un archivo en mi mente que, como una alarma, me avisará de que pasa el tiempo y no lo activo. Yo oigo esa alarma, soy consciente de que no la he atendido, pero lo que hago es quejarme, justificarme, dar por válido el incumplimiento.
El conflicto ha surgido realmente porque ese incumplimiento no deriva de una emergencia, sino de una elección.
Si yo no hubiera venido a escribirte porque a sally le empiezan a dar ataques y la tengo que atender me habría encontrado ante una situación imprevisible que me impide realizar lo que pretendía; pero si yo ELIJO hacer otra cosa, estoy dejando de lado conscientemente lo otro.  Es normal que surja la culpabilidad porque he actuado mal; he obrado en contra de mis propios principios.
Lo que quiero decirte con todo esto, adonde voy, es al meollo. Cuando intentas analizar los registros de tus actitudes hay que tener mucho cuidado para no caer en la autojustificación; hay que ser metódico, exhaustivo y estar dispuesto a llegar a la verdad, sea cual sea esta. Y partir de un verdadero deseo de mejorar tu vida.
Continuaré......

30 ene. 2011

Un puente firme



No era tan difícil ¿verdad? De hecho estoy convencida de que en cuanto leiste esas pocas palabras sabías de qué se trataba. No importa que haya sido tan fácil; no es el propósito de estos encuentros el jugar contigo, ni mantener tu atención a base de adivinanzas.
Es un simple puente que aún no ha cubierto la extensión del vacio que hay entre tú y yo y que, siendo tan larga, tan infinitamente larga, se hace pequeña en cuanto encuentro tu mirada.
Curiosamente acabo de ver fotografías de una selección de puentes inverosímiles que discurren sobre vertiginosos abismos y me he dado cuenta de algo. Aún cuando se toma la decisión de construir algo y siendo esto importante, puede ser que se acabe construyendo algo endeble, inconsistente, en exceso frágil, vulnerable y hasta peligroso. No solo es cuestión de los materiales con que se cuenta, sino también y mucho, de lo que estemos dispuestos a poner de esfuerzo, constancia y afán de superación. Y también me he dado cuenta de otra cosa; que esto es aplicable a todo lo que hacemos en la vida, con nuestra vida.
Un puente es el vínculo que establecemos entre unos y otros; entre yo y aquello hacia lo que dirijo mi atención; entre una intención y una decisión; y la estabilidad y firmeza que acaba adquiriendo depende de un factor primordial, del ingrediente básico: el sentimiento del que doto a mi voluntad.
Este puente que estoy construyendo puede tener una apariencia cuidada que se esmera en los detalles, pero si no soy capaz de permitir que trascienda el sentimiento que lo puso en marcha, no conducirá a ninguna parte; quedará colgando sin alcanzar la otra orilla y tú no podrás recorrerlo; no podrás ver todo lo que se divisa al discurrirlo; tu mirada no podrá pasearse por el inmenso horizonte que puede llegar a abarcar.
Y yo me habré hundido en el mismo abismo que pretendo cruzar.
Para llegar a este momento tuve que descubrir la ausencia de tu mirada, ascender una montaña que no parecía tener fin, enfrentar la soledad y el infortunio, llegar a lo más alto de esa montaña y penetrar en su interior para descubrir que estaba demasiado llena de mucho que le sobraba y muy vacia de lo esencial; tuve que excavar en ella hasta encontrar lo valioso y, con ello guardado en el corazón, volver a ascender y ser capaz de mirar de frente el espacio que nos separa para comprender que, lo que de verdad quería, era conseguir que esa distancia no fuera lo que nos separa, sino el medio por el que puedo llegar a ti. Lo más difícil suele ser siempre el primer paso, pero en esta ocasión no lo fue; tenía cerca a Issam para darme ánimo y transmitirme fuerza.
Quiero que sepas, amado mío, que no es una ilsuión explosiva lo que me impulsa cada paso, sino la convicción de que este es el camino que debo seguir y que lo construyo yo misma, que creo en el poder del verdadero amor y que la fuerza de todo lo que hacemos reside en el corazón.
Hoy te dejo con la referencia a una frase que oí hace algún tiempo, para que pienses en ella (si quieres).
''Cada decisión tomada conforma una nueva realidad''.

29 ene. 2011

Ahora viene lo más difícill

Esta era la puerta y la he abierto a lo grande, con una poesía de Pedro Salinas que acaricia lo etereo, lo intangible, con sublime maestría. Lo que ahora tengo ante mí es un camino que será tan largo como yo misma sea capaz de construir; un camino que, en definitiva, me acerca a ti y por el que espero verte llegar algún día.
Es un camino hecho de palabras que salen del corazón y que quieren convertirse en una caricia en ti; un camino, tan difícil de construir para mí, como de encontrar para ti. Yo no sé quien eres, donde estás, qué imágenes miras, qué melodía escuchan tus oídos ... y tú no sabes que voy hacia ti, que he empezado a caminar; no sabes quien soy, ni sabes que soy yo. Pero, a pesar de todos esos contratiempos, sé que nos encontráremos del mismo modo en que nos encontramos la primera vez. Misteriosa, casual y abrumadoramente.
Discúlpame si me ves poco expresiva en este torpe inicio. Seguramente estarás pensando que no te aporto nada que haga que valga la pena que vuelvas y, visto fríamente, tienes razón. Pero ten paciencia; dame un margen de tiempo para que pueda ir mostrándote todo lo que hay en mí esperando el momento y el modo adecuado de hacerlo: Solo un poquito más y podrás verme mejor.

Te dejo unas palabras a modo de adivinanza. Quizá las reconozcas, quizá las olvidaste ... quizá te inquieten y te hagan preguntarte: ''¿Que querrá decir con eso?''

Entre tus ojos y los míos, un puente hay sobre el vacio...

28 ene. 2011

Qué alegría vivir,
sintiéndose vivido.
Rendirse, 
a la gran certidumbre, oscuramente,
de que otro ser, fuera de mí,
muy lejos,
me está viviendo.
Que cuando los espejos, los espías,
azogues, almas cortas, aseguran
que estoy aquí, yo, inmóvil,
con los ojos cerrados y los labios
negándome el amor 
de la luz, de la flor y de los nombres;
la verdad transvisible es que camino
sin mis pasos, con otros,
allá lejos, y allí
estoy besando flores, luces, hablo.
Que hay otro ser por el que miro el mundo
porque me está queriendo con sus ojos.
Que hay otra voz con la que digo cosas
no sospechadas por mi silencio;
y es que también me quiiere con su voz.
La vida -¡que transporté ya!-
ignorancia
de lo que son mis actos,
que ella hace,
en que ella vive, doble, suya y mía.
Y cuando ella me habla
de un cielo oscuro,
de un paisaje blanco,
recordaré,
estrellas que no vi, que ella miraba,
y nieve que nevaba allá en su cielo.
Con la extraña delicia de acordarse
de haber tocado lo que no toqué,
sino con esas manos que no alcanzo
a coger con las mías tan distantes.
Y todo enajenadso podré el cuerpo
descansar quieto, muerto ya.
Morirse,
en la alta confianza 
de que este vivir mío no era solo 
mi vivir: era el nuestro.
Y que me vive
otro ser por detrás de la no muerte.


                                     Versos 792-830   
                                     Pedro Salinas.

11 ene. 2011

Antes del principio

Hay una razón para que ahora aparezca  este texto que no estaba antes y que quede colocado al principio. Este blog surgió de él y no hay mejor forma de condensar su origen que trasladarlo aquí palabra por palabra. Hoy es 10 de noviembre de 2011 pero es que, hasta hoy, no se me había ocurrido contarte con detalle lo que sucedió y como se fue gestando esta idea. Aquí la tienes; quizá, al fin, fue una idea tuya que yo capté sin saber que lo era y,  creyendo que era mía, te la quise regalar.

Dosmilonce

Suena raro este nombre ¿verdad? También a mí, no te creas. El caso es que hace ya varios días que me ronda por la cabeza, casi desde que empezó este nuevo año que acoge una cifra tan significativa para mí; ese 11 puede llegar a ser muy especial.
El sentido de este documento tiene su razón de ser en algo que iba presintiendo pero no llegaba a encajar. El nombre aparecía una y otra vez con un significado propio, casi hasta con un objetivo concreto que intuía aunque no era capaz de ver; creo que hoy ha llegado ese momento en que se perfila mejor ese objetivo y su sentido intrínseco: Comunicarme contigo.
Es evidente que puedes decirme que eso ya lo he hecho muchas veces o que, al menos, lo he intentado en varias ocasiones con mayor o menor éxito; y es cierto, pero ahora hay algo diferente y es que estoy cansada de todos esos apartados que he ido haciendo, de los archivos con diferentes nombres que pretenden acotar un tema determinado y tenerlos por separado. Esa clasificación que puede parecer coherente acaba siendo limitadora y coercitiva porque muchas veces me he encontrado ante la pantalla con intención de escribir algo, de contarte algo, y he acabado no haciéndolo porque no era capaz de definir en qué documento debía insertarlo. Y estoy cansada de propagar yo misma la indecisión y la duda.
En distintos momentos de estos días he ido pensando mucho en eso y entre los distintos pensamientos que se han ido paseando por mi mente he encontrado alguno que me ayuda a despejar algunas de esas dudas, pero aún no lo tengo bien centrado.
Como punto de partida, digamos que reconozco que necesito simplificar la comunicación, hacerla más accesible y, a la vez, más fluida. Si este es el medio por el que me conecto a ti, todo cuanto deje de mí en él va hacia ti. Lo siento ahora como si fuera un teléfono a través del cual hablamos o, como sucedió realmente -no es necesario imaginar nada- como cuando te escribía mails o mensajes que no sabía cuando ibas a poder leer pero quedaban en línea para cuando tú accederías a ellos. Todo lo escrito y comunicado era una correlación sucesiva de pensamientos que no eran separados más que por el momento en que eran expresados y recibidos; la continuidad estaba en la misma expresión y no necesitaba de apartados diferentes.
Me dirás que esto ya lo he hecho en esas veces en que te he escrito contándote en cada momento lo que pensaba, vivía o sentía y es cierto. Por eso me pregunto por qué dejé de hacerlo así, por qué no he seguido esa línea. Creo que fue para asegurarme que no repetía cosas que ya te había dicho o para saber yo misma de qué estaba hablando. Pero eso, visto desde otro punto de vista, me hace ver que estaba utilizando el medio que me acerca a ti para mí misma, para encontrar mi propia coherencia en vez de hacerte participe de todo lo que soy; incluso de mi incoherencia.
Al principio no me sentía hábil con el teclado y me superaba los nervios ver que tenía que hacer tantas correcciones; eso hacía que me alejara en muchas ocasiones del teclado y por tanto, de ti. Pero eso ya lo he superado porque ha mejorado mi habilidad en el teclado y ya no hay tantas correcciones que hacer; casi ninguna en realidad con lo cual hay una fluidez suficiente como para expresarme libremente sin verme atascada por la vorágine de palabras que acaban siendo un galimatías que he de corregir constantemente.
Aún es cierto que cuando escribo aquí me encuentro muchas veces con que no me acuerdo de qué te iba a hablar; la química que establezco con el teclado es diferente a la que obtengo con el bolígrafo pero supongo que eso es más cuestión de hábitos o adecuación al medio que de una verdadera incapacidad para expresar los pensamientos, sentimientos y emociones a un medio mecánico. La disciplina y la constancia son capaces de crear estructuras nuevas en nuestros cerebros y deshacerse de hábitos antiguos.
Otro de los problemas con los que me he topado deriva de la obsesión por establecer una ubicación concreta y permanente para todo y eso incluye la ubicación del ordenador. He sido, aún lo soy, un a acumuladora constante de opciones enfrentadas que no era capaz de concretar y que me generaban dudas.
¿Escribo en libreta o en ordenador? Cuando escribo en libreta ¿donde lo hago? ¿en la salita, en la cocina, en la habitación? ¿Donde está mejor el ordenador? ¿en la salita, en la habitación? ¿Qué he de escribir en uno y en otro? ¿Es perjudicial que escriba en libretas? ¿Qué sucede si cuando escribo en ordenador lo escrito es confuso y no hago más que borrar y empezar otra vez?
Todas estas opciones han acabado creando un caos total en mi mente del que no soy capaz de salir casi nunca. Lo que me lleva a hacer una cosa u otra siempre es la apetencia de una opción u otra pero no he logrado establecer un criterio estable que se mantenga más allá de los momentos de duda y que me sirva para orientarme.
En este momento en que escribo esto, el ordenador está en la salita. Lo traje aquí al dejar mi habitación a Juan y a May y aquí he estado escribiendo estos días en algún rato. Lo que me gusta de este sitio es que estoy de cara a la ventana; a una ventana orientada al sur, hacia ese sur en el que te supongo y por la que, trazando una línea imaginaria, acabo teniéndote delante de mí.
Es muy posible que este sea un intento más, una nueva ocasión de establecer ese criterio, pero en este caso parto de la idea de unificación en vez de la de segregación por temas. Todo lo que pueda desarrollar en este medio va dirigido hacía ti y todo parte de mí. Cada letra que escribo en esta forma intangible es parte de la expresión de lo que surge dentro de mí; bien sea desde mi ser interior, desde el intelectual, desde el Superior que me inspira o desde lo más profundo de mi caos. Si un día te hablo de mis dudas, otro de mi soledad, de mis vivencias en el mundo externo, de los recuerdos que me llegan de ti, de divagaciones pseudo religiosas, de elucubraciones místicas o del tiempo que hace, todo es o debería ser, parte de esa comunicación que pretendo lograr y todo, en definitiva, es algo que te quiero contar. ¿para qué crear apartados de algo que tiene el mismo origen y el mismo objetivo?
Aún quedan algunos documentos independientes de este, pero siento que, por el momento, deben quedar así y, por supuesto, uno de ellos es lo que intento escribir de la Leyenda.
En este momento me he quedado pensando en esos documentos que ahora he dejado guardados en el histórico y el pensamiento se ha dio a todas esas libretas que aún permanecen en el baúl como a la espera de algo. Y esto es lo que me he visto pensando:
hay veces en que para construir algo sólido y en buenas condiciones hay que arrasar con lo antiguo, destruirlo, derribarlo. Como en ese programa americano de “Esta casa era una ruina”; hay una versión española de ese mismo formato en que lo que hacen es remozar una casa, introducir algunos elementos decorativos diferentes, darle otro color y hacer más bonito lo que ya tenían. Los americanos, que cuentan con más presupuesto, son más radicales, lo tiran todo abajo y lo hacen nuevo pero antes de derribar, recogen los enseres personales más significativos, lo más valioso y entrañable y lo integran en el nuevo hogar. He empezado a ver este pensamiento como si fuese la indicación de que la única forma de de hacer las cosas fuera desprenderse de lo antiguo, pero el desarrollo del pensamiento me ha ido llevando hacia otra posibilidad. He de deshacerme de esa montaña de palabras escritas recogidas en innumerables libretas sin orden ni concierto, pero antes he de rescatar lo valioso, entrañable o significativo.
Sí, sí; ya sé que tampoco esto no es nuevo, que es una tarea que he emprendido muchas veces y he abandonado otras tantas pero ahora sé porqué ha sucedido así. Era por el bloqueo que me producía la ubicación de aquello que pretendía rescatar. A veces leía cosas lo suficientemente interesantes o inteligentes como para ser rescatadas, pero me quedaba mirando los nombres de los documentos abiertos y no sabía donde ubicarlo porque habían algunos de difícil identificación. Ahora me parece mucho más simple su ubicación. Un solo apartado que podría llamarse : “Todo lo que no te conté”. Como si fuera un álbum de fotografías en el que iré colocando un montón de fotos que tengo sueltas antes de que se estropeen o pierdan y en el que tanto tú como yo, podamos asomarnos de vez en cuando para hacer un repaso de ese pasado que es parte del cimiento de este presente.

*

Alfredo ¿Por qué sigo tan enganchada a ti a pesar del tiempo transcurrido? ¿Por qué, a pesar de todos esos momentos en los que no me acuerdo para nada de ti, vuelvo a encontrarme pensando en ti, queriendo hacer algo para acercarme a ti, buscándote en canciones, recuerdos o proyectos? ¿Es solo una cuestión de adicción a la dopamina que mi cerebro segregó cuando eras una posibilidad de futuro que me estimulaba y alimentaba mi sentimiento? ¿Es una pura cuestión de hormonas como pregonan los estudios científicos? Si es así, desde luego el chute hormonal debió ser tan grande que aún perdura el síndrome de abstinencia que se produjo a posteriori porque, aunque a veces quiero pensar que hay otra vida sin ti, que he de encontrar el modo de vivir sin ti y dejar paso a otro enamoramiento, la verdad es que algo dentro de mí se cierra en banda a esa posibilidad y me acucia para que siga alimentando la esperanza de ti, de encontrarte de nuevo y hasta de esperar un encuentro en otra dimensión de la existencia.

Necesito dejar de escribir un poco, creo que para asimilar cuanto te he dicho hasta ahora; pero no me voy lejos y ni siquiera cierro esta ventana que hoy he abierto para poder volver a asomarme en cuanto encuentre algo nuevo que decirte. Aunque no sepa si tú estarás asomado cuando lo haga.

*

Me he dado cuenta de una cosa; para compartir contigo todo lo que surge en mí, debería estar constantemente aquí, porque mi mente no se detiene nunca y menos aún cuando ha hecho seguimiento de algún pensamiento. Es como si al hacerlo pusiera en marcha una maquina que no se detiene por mi voluntad, sino que continua su movimiento hasta que agota la inercia que ha generado. Siempre que me pongo a escribir algo , y cuanto más atentamente observo el pensamiento más aún, no hay vez que no deje de escribir y me dedique a otra actividad en que el pensamiento no siga haciéndome reparar en algunos detalles más; como si no hubiera acabado de contarme cosas aunque yo ya no le esté prestando atención. A veces eso resulta muy frustrante.

No me puedo arrepentir de lo que hice por amor; aunque cometiera errores e hiciera cosas equivocadas,

He ido a pasear a Sally. Orión estaba muy visible y en cuanto la he visto he buscado a Sirio. Estaba tan brillante que ha oscurecido el resto de estrellas; mi mirada se ha quedado detenida en ella y no había más cielo que el que estaba a su alrededor.
He recordado algo que me contó Juan el otro día, algo que le había contado su amigo Mon y es que le decía que el ADN de los humanos procede de la constelación de Orión. El recuerdo se ha enlazado con mi propio pensamiento mientras miraba a Sirio y me decía que yo no sé si realmente procedemos de allí o si es allí adonde debemos llegar pero que para mí hay una vinculación con esa estrella es innegable. Y me he encontrado pensando que pudiera ser que es allí adonde vamos si somos capaces de traspasar esa barrera que es la muerte ¿y como podemos llegar allí? seguía preguntándome. Para mí es fácil concluir que la forma de llegar es un canal mental y que ese túnel que dicen haber visto los que han estado en el límite entre la vida y la muerte es justamente ese canal.
De ahí, el pensamiento se ha ido rápidamente a pensar en ese canal y en todas las veces que he creído entender que yo era una portera de uno de esos canales, que mi cometido era abrir la puerta que da acceso a ese canal y que lo más seguro es que me hayan relevado del puesto por no haber sabido cumplir con mi cometido.
Entiendo perfectamente que todo esto parece muy fantasioso, seguramente lo es, pero hubo un tiempo en que tenía mucha sentido y creía en ello a pies juntillas. Fue precisamente empezar a creer que vivía una fantasía que dominaba mi razón lo que me hizo empezar a recelar de esa creencia y a ver neurosis mentales en todo cuanto se apoyaba esa posibilidad.
Por una parte no me culpo. Imaginate que eso sea así y que en ningún momento ves esa puerta ni quien entra o sale por ella y que aún así, te dicen que tienes que abrirla cada vez que sea necesario y que eso -el abrirla- sucede cuando haces tal o cual cosa. Seguramente te pasaría como a mí, que durante un tiempo lo haces, pero llega un momento en que te preguntas ¿Pero que estoy haciendo? ¿realmente he podido creer que estoy abriendo algo y que alguien necesita que lo haga?
Pero esta noche, de repente, todos los argumentos, todas las justificaciones a ese hecho, todas las explicaciones recibidas, volvían a tener sentido, volvían a cobrar fuerza, volvían a tener coherencia.

Juan me decía que él cree en la existencia de lo que la ciencia puede constatar, sin cerrar la puerta a que hay muchas cosas que aún no se han podido constatar pero que mientras no suceda eso, él no las va a dar por ciertas.
Yo aducía que no conocer algo no invalida su existencia y que a veces la experiencia sensitiva personal te hace conocer la existencia de algo a lo que no sabes qué nombre darle, ni como definir o explicar y que la ciencia no ha llegado aún a ello, pero tú ya sabes que existe algo más de lo que ya hemos constatado. Mientras le decía esto me recordaba a mí misma en aquel tiempo en que me acerqué a lo intangible y creí con tanta vehemencia que era capaz no solo de explicar mi posición, sino hasta de convencer a quien me escuchaba.
Además de contarte esto porque he estado pensándolo, también es porque, mientras miraba hacia Sirio, me he encontrado pensando esto: “Ahora tú también estás viéndolo a él, nos ves a los dos”; y ¿sabes a quien me dirigía? Yo tampoco lo sabía hasta que me he visto diciendo en silencio: “Madre, quiero ir contigo”.

Voy a cerra ahora esta página y quisiera poder abrir su melliza, pero no quiero abrirla sin más y ver qué pasa. Lo que quiero, lo que necesito es sentir dentro de mí lo que puedo dejar al otro lado de esa puerta, tener algo concreto y gestado en mi interior en vez de improvisar y soltar lo primero que me venga a la cabeza sin haberlo definido antes. También necesito algo más de ánimo.
¿Sabes? Ahora mismo tengo a Sirio delante mismo de la ventana; es como si, desde allá arriba, me estuviera observando. ¿Qué será lo que verá cuando dirige su mirada hacia mí?

*

¿Sabes que la mayoría de las veces que decido venir es con una frase de encabezamiento ya en la cabeza? Pues sí, así es. Mi entidad pensante empieza a escribir en mi mente antes de que yo haya decidido hacerlo, como si estuviera escribiendo en una pantalla etérea. Luego yo decido hacerlo o no, pero si lo hago, ya hay una frase escrita de antemano.
La de hoy ha sido: Vaya día más idiota que he pasado hoy. Y así ha sido; un día de los más idiota.
Llevo todo el día pensando que tendría que estar aquí, escribiéndote o intentando hacerlo al menos; intentando ir dando forma a los bocetos de la Leyenda que me vienen a la cabeza, esperando el momento adecuado para hacerlo, el brote genial o cualquier cosa interesante que contarte, pero nada de eso ha sucedido y el día ha pasado entre dormir, comprar, cocinar, hacer punto, deshacer lo hecho que estaba saliendo mal, volver a empezar y ver tele, mucha tele. Y ahora, claro está, ya es demasiado tarde para todo y la mente está totalmente obstruida.
¿Qué me pasa, Alfredo? ¿Por qué parece que yo solita destruyo cualquier posibilidad de hacer las cosas bien? Ayer recordaba el sueño de la sacerdotisa que es traicionada cuando está a punto de conseguir el último nivel de ascensión y me daba cuenta que la traidora era yo misma.
Es como vivir en una constante dualidad que se enfrenta a sí misma ante cualquier oportunidad y, hasta ahora, ha ido vencido la boicoteadora, la que no permite que ese camino de ascenso espiritual se produzca y el camino está cada vez más lejos y yo cada vez más cansada y desanimada.
Voy a acostarme y voy a dormir; no voy a hacer nada más que eso. Y voy a dejar de escribirte esta noche porque no tengo nada que pueda aportar a tu triste soledad. Es más, creo que cualquier cosa que añada no hará más que hacerte sentir más triste y más solo.
Perdonarme amor. Perdoname por volver a dejarte solo una vez más. Pero es mejor para ti.


*

Voy a contarte algo de la concatenación de circunstancias aparentemente casuales.
Hace varios días me quité las pulseras que me compré en el Camino y las dejé en la estantería del baño; allí quedaron olvidadas hasta esta mañana en que las he visto y me las he puesto otra vez. Mientras tomaba el café he llamado a mi madre y luego, con el teléfono en la mano, me he acordado de Sole y en esa llamada que no le atendí el domingo pasado. La había vuelto llamar unos días después, pero no me había hecho con ella y hoy, ya te digo, teléfono en mano y su recuerdo, han hecho que la llame. Esta vez si hemos hablado.
De entrada, oír su voz ha sido muy agradable y la conversación ha ido fluyendo con facilidad y gran empatía. Me ha dicho que cuando me llamó el otro día fue porque estuvo en Barcelona y un amigo la llevó a Santa María del Mar, “la catedral de los pobres” y que vio un montón de vírgenes y se acordó mucho de mí y de David. Me llamó y no se hizo conmigo; llamó a David y tampoco se hizo con él y se quedó allí, queriendo compartir ese momento con nosotros y sin poder hacerlo.
Desde hace dos días, recordando esa llamada, pensaba ¿Y si quería decirme algo especial? ¿Y si no era hablar por hablar lo que le hizo llamarme? Hoy me ha confirmado esa sospecha; era un momento especial para ella que necesitaba compartir con nosotros.
A lo largo de la conversación me ha contado que su suegra le regaló un libro en Reyes que le estaba gustando mucho y le hacía pensar en mí. “El viento del norte”. “¡Pero si es el que me compré en Fisterrra! ¿no te acuerdas?” le he dicho asombrada por la casualidad. “No me acordaba del título, sabía que te habías comprado uno pero no recordaba que fuera ese” me ha dicho ella encantada por la coincidencia.
Bueno, pues hablando de él le he dicho lo que me hizo sentir, revivir, lo que esperaba encontrar y lo frustrante que fue ver que no acababa la historia, pero que ya había visto que el segundo ya había salido a la venta pero que tenía reparos en leerlo y entonces ella me ha dicho que su suegra le había comentado que si el primero le gustó, el segundo aún lo hizo más y se lo tuvo que leer de tirón.
Mañana mismo me lo compro” le he dicho enseguida “fuera reparos y miedos”.
A veces, segundas partes superan a las primeras.
La conversación, incluido un rato con Modes que me ha encantado, ha dado mucho de sí y me ha ratificado la serenidad y el equilibrio que siempre me ha transmitido Modes. He echado tanto de menos ratos largos de conversación que les he propuesto un finde con ellos, en Barcelona y así ha quedado a la espera de que ellos me comuniquen cual les va bien. Y ¿sabes que sensación tengo? Pues que eso que he hablado con Modes hoy parece más viable por el hecho de haberlo hablado con él que si solo hubiera hablado con Sole; no es que piense que a ella no le apetezca o lo vaya a boicotear, pero es como si en manos de Modes fuera más posible, quizá porque Sole está tan bloqueada como yo o tan incapaz de tomar iniciativas y provocar cambios como yo misma. En cambio él es como si lo viera más evolucionado, más asentado, más concreto en cuanto quiere hacer y buscar.
Estoy pensando un cosa que pienso muchas veces pero no he querido verbalizar o reconocer abiertamente y es que tengo la sensación de que Sole necesita sentirse el eje de todos los demás o como si me apartara de cualquier posibilidad de contacto directo con los demás. No es que provoque esa separación, sino como si aprovechara circunstancias introducidas por mí para mantener ese distanciamiento. Pero, si no me gusta pensar en eso o reconocerlo, creo que es más porque temo que si veo esa impostura en ella no es tanto por que ella la tenga, sino porque sea yo la que la tiene y la enfoca en Sole poniendo un modo de pensar y sentir que muy posiblemente no sea el suyo, sino el mío no reconocido.
Como ella me dijo un día, que tenía la sensación de que los otros proyectaban en ella su personal y propio comportamiento interno haciendo ver que eran de ella cuando en realidad no lo eran.

Yo veo acaparamiento de relaciones en ella cuando seguramente lo que hace que no me haya enviado las direcciones de correo de los otros sea simple despiste o desorden pero yo veo acaparamiento de accesos porque seguramente, esa es mi actitud interna. Esa necesidad de ser venerada, admirada o envidiada es permanente en mí. No me gusta y por eso la miro solo de reojo, pero la esencia de esa actitud sale disparada para ponerse enfrente y que la mire de cara y entonces, al verla en otros que están sirviendo de espejo, la veo como suya en vez de como mía, que es lo que es.
Esto me parece un poco como lo que hablaba de la luz el budista de la otra noche cuando decía que la analogía que representa la luz es que no se modifica a sí misma dependiendo de lo alumbrado, sino que esencialmente sigue siendo lo mismo.
Pues lo de los espejos me parece ahora algo similar. Un espejo no se transmuta en aquello que está reflejando, solo devuelve la imagen que se está proyectando sobre él. Una persona espejo no tiene por qué ser lo que vemos en ella; tiene sus propias pautas de comportamiento, sus propias motivaciones, emociones, razones y aspiraciones. Lo que vemos, lo que nos hace sentir esa persona es la imagen del espejo en la que lo observado es nuestra propia personalidad, no la suya.
Si yo estoy pensando que Sole es acaparadora, necesita sentirse eje y centro de un grupo, que subyace en ella un intenso afán de protagonismo lo que estoy viendo es mi propia esencia, no la suya. Las mismas circunstancias a través de las que yo veo todo eso pueden estar motivadas por sentimientos y pensamientos muy distintos a los que yo estoy intuyendo y aunque la apariencia externa de esa situación pueda llevar a la misma actitud, la esencia que la ha provocado puede ser totalmente diferente.
Tengo que aprender a ver la imagen y a diferenciarla del espejo en vez de fusionar imagen y espejo como si fuera un todo inseparable.
En otro orden de cosas no hago más que pensar en mañana; en ese día en que se pueden dar finalmente por finalizadas las fiestas y toda la alteración de la marcha diaria que conllevan. Es como si a partir de mañana empezara de verdad el año, como si fuese ese día en que alguien me preguntase: “Bueno ¿y qué vas a hacer ahora con tu vida?”
Y no sé por donde empezar porque hay muchas cosas que hacer y ninguna en concreto sobre la que actuar. Estoy pensando que quizá sea mañana el día adecuado para sentarme ante este teclado y hacer esa lista de cosas que debo atender y proyectos en los que he de pensar seriamente. Y, por supuesto, uno de los temas más importantes es el del trabajo; lo cual no es que vaya a ser de lo más fácil y no solo por lo difícil que pueda resultar encontrarlo, sino porque mantengo una lucha interna importante al respecto. Sé que tengo que trabajar, que necesito un sustento y que no puedo pasarme la vida viviendo de la caridad y los aprietos de otros; pero me aterroriza perder la libertad del todo, quedarme supeditada a jornadas interminables de trabajo o al vértigo de no saber a ciencia cierta si un mes ganaré dinero o no.
Ya sabes, cariño, que soy la personificación de la contradicción y, en esas condiciones, es muy difícil dar pasos hacia algún lado o seguir un camino concreto.
*

Esta es la hora a la que solía levantarme días atrás; hoy ya he bajado a Sally, tengo la casa recogida y hasta he hecho algo más. Este es el momento en que me quedo pensando cómo puedo aprovechar este tiempo encontrado al levantarme más pronto.
Sigo pensando en todas esas cosas referentes a mi situación laboral que debería ir enfrentando y canalizando, pero sigo sin estar predispuesta a hacerlo, pero, al menos, debería ir haciendo esa lista de tareas que, antes o después, voy a tener que hacer. ¿Me ayudas?
Pues de momento no es mucho lo que se me ha ocurrido, pero hay otra lista que me inquieta más aún que esa. Es la de las preguntas que me hago constantemente sobre nuestra leyenda; esas cosas que no entiendo cómo han llegado a producirse o lo que verdaderamente las motivo. Tengo la sensación de que si no he conseguido encauzar esa historia es porque hay demasiadas cosas que me parecen incoherentes o no llego a comprender por qué sucedieron. Algo parecido a lo que pasó con nosotros. He pensado muchas veces en trabajar sobre eso; bueno, la verdad es que he intentado hacerlo alguna vez sin demasiado éxito o conclusión clarificadora; pero, como ya sabes, por cuestión de intentos no será.
Aunque no te lo creas, lo más difícil es concretar las preguntas, definir qué es lo que verdaderamente me inquieta o no entiendo porque todo empezó de forma sorpresiva y lo fui acometiendo por impulsos, sin analizarlo, sin observar si lo que iba construyendo era sólido o un absurdo constante.
Cuando me pongo a mirarla para ver qué es lo que iba bien y lo que se torció, por qué sucedían determinadas cosas y si tenían sentido o no, no me aclaro mucho más.
Clara está harta de mis continuos cambios en casa, pero no paro de hacerlos. Ahora el ordenador ha vuelto a la habitación, pero no es porque sí, por capricho.
Estaba escribiéndote y me ha dado por pensar que la salita no era el lugar adecuado para hacerlo por este medio, que tengo que conseguir aislarme más cuando lo hago así; ya sea porque te estoy escribiendo directamente como si estoy intentando reescribir la Leyenda. Es algo que requiere mucha más concentración de la que obtengo en la salita y, además, no dejo de pensar en este cuadro que tengo sobre esta mesa, en ese hombre que parece decirme que él es el Hombre Superior que nos corresponde en ese todo que somos juntos. Es como si fuera Isam y como si todo lo que hiciera aquí estuviera ayudándole a recuperar algo de la luz que fue.
Sí, cariño, ya lo sé. Esto es algo que he dicho muchas veces, algo que he sentido como cierto en variadas ocasiones y que, poco después, he abandonado por otra idea. Pero esta es la que ahora domina y por eso he decidido venir aquí de nuevo. Y por otra cosa.
Estaba empezando a escudriñar en los misterios y errores de la Leyenda cuando me he dado cuenta de que eso es algo que tengo que hacer bolígrafo en mano. Como si la tinta que vaya sacando de él fuera algo así como la maraña que tengo dentro; antes de trabajar con ella tengo que desenredar ese lío. Como la lana que desenredamos ayer mi madre y yo para poder seguir tejiendo.

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Odio empezar a escribir pensando cuando no tengo a mano ni la libreta ni el ordenador y odio más aún parar la mente para que no siga pensando como si estuviera escribiendo, ir a escribir y no poder hacerlo. Y esto es lo que pasó anoche; las dos cosas. Cuando vine a escribir y contarte lo que estaba pensando, la pantalla del ordenador se negó en rotundo a mostrarme lo que escribía. El caso es que ahora estoy pensando que hubiera sido curioso hacerlo de todas formas, sin ver como quedaban escritas las palabras, si había errores ortográficos o de tecla, pero escribir de cualquier modo lo que estaba pensando. Es una opción si vuelve a suceder.
Compré y leí de un tirón el libro Cada siete olas, la continuación de aquel que compré en Fisterra y que tanto me acercó a ti porque narraba muchas cosas que me resultaban familiares. Entonces me quedé paralizada al ver que no acababa la historia; era como si se repitiera lo que nos pasó. Los protagonistas se desconectan de repente, ninguno sabe lo que le ha pasado al otro, pero ella sigue escribiéndole con la esperanza de que alguna vez lea sus mails. ¿Te suena?
Yo pensé: eso es lo que, de algún modo, estoy haciendo yo también; escribir esperando que de una forma misteriosa te llegue lo que te escribo y que sepas que sigo pensando en ti.
Y me di cuenta que mucho de lo que te escribo te llega, pero no como noticias concretas o palabras, sino como impulsos o sensaciones. Que cada vez que me pongo a escribirte estoy pensando en ti, tengo centrada la mente en ti y entonces, si ese hilo mental que nos unía aún está vivo, actúa como una especie de hilo de cobre que transmite la corriente eléctrica. Y tú debes de recibirlo como un recuerdo, una sensación de mí, algo que te hace pensar en mí.
Lo que me pregunto es como recibes tú esos impulsos, qué haces cuando te llegan. ¿los acoges con cariño? ¿piensas: ella ya me habrá olvidado? ¿Te entran ganas de averiguar qué pasó conmigo, donde estoy, qué ha sido de mi vida? ¿O lo apartas de ti como algo que pertenece al pasado y has desistido de toda posibilidad de encontrarnos de nuevo? Me gustaría saber qué sientes.
Aunque alguien me ha dicho que me amas aún.

Hoy es más o menos, la misma hora en que ayer te estuve escribiendo pero, a diferencia de ayer, hoy me he levantado a las 7 y me he vuelto a acostar; así que levantarme de verdad no ha sido hasta las 11,30. Ningún día es igual que otro y los propósitos de uno no valen para otro. Al menos me deja más tranquila que he sido capaz de levantarme a esa hora y poder prepararle el desayuno a Javier que siempre se va en ayunas y sin almuerzo.
Ahora tengo algunas cosas qué hacer como sacar a Sally e ir al banco.
Espero tener más cosas que contarte y compartir contigo en un rato, así que no te vayas lejos porque volveré. Un beso.


Hace dos días, o tres, que no consigo que la pantalla se quede iluminada y me permita escribir. Ahora, tras dos intentos, parece que sí aguanta pero me he quedado desconectada de las cosas que quería compartir contigo.
Tengo sobre la mesa una de las muchas libretas en las que tengo cosas escritas y lo último que recuerdo es que me proponía contarte alguna cosa que valga la pena de las que hay escritas en ella. Puede que sea eso lo primero que deba hacer y puede que al final recuerde lo que te quería contar o surja algo nuevo, pero ya sabes que esto que voy a hacer no será aquí.

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Me estoy asomando a la ventana que me proyecta a un espacio al final del cual estás tú. De una forma u otra lo estás, aunque yo no te vea, aunque no sepa si tú estás en este momento asomado también.
¿Recuerdas aquellos días en que te leía cosas de las que tenía escritas? Eran los días posteriores a tu operación; una operación que aún me inquieta y extraña, pero que entonces viví con mucha intensidad. Pero no es por eso por lo que la recuerdo; es por la forma en que compartimos el post operatorio. Leyéndote mis notas. ¿Sabes? Después de tantas y tantas libretas como han habido, tantas hojas desperdigadas por todas partes, ya no quedan tantas. No es que haya dejado de escribir, así que siguen llegando nuevas, pero es de forma diferente porque mantienen un orden, una estética cuidada, coherencia con el propósito de no alimentar al caos. Y sigo revisando lo que aún hay antiguo.
He encontrado una nota que escribí en 1995 ¡qué lejos aún de nosotros ¿verdad?! Voy a escribirla aquí porque quiero comentarte algo.

Esto era una vez alguien que tenía puesta su ilusión en un proyecto de trabajo ambicioso, estimulante y prometedor. Un día, las promesas se desvanecieron, los sueños se perdieron y la ambición dejó de tener motivación.
Ya no sabía si era mejor cambiar o seguir como estaba; si atreverse o asegurarse; ni siquiera sabía qué era más ambicioso, donde estaba la apuesta más fuerte.
A veces resulta que lo más obvio, lo que tienes más cerca, es lo más ambicioso y que aquello que parece un reto, por desconocido, se convierte en una estafa emocional porque estaba demasiado adornado por la fantasía.
Pero ¿y si realmente ese reto es el que vale la pena? ¿Y si lo bueno que tiene está detrás de todas las dificultades y los inconvenientes que van apareciendo en el camino?
El riesgo de todo lo que hacemos no está en hacerlo, sino en decidir qué es lo que vamos a hacer.
Es el momento de la decisión el que conlleva el máximo riesgo porque, la mayoría de las veces, las decisiones importantes son irreversibles, impactan demasiado en nuestras vidas y ofrecen caminos muy distintos a los que habríamos llegado si hubiera sido otra la elección.
En este caso, ni siquiera es esa la duda. No hay otro camino a elegir; no hay otra opción presentada; solo queda aceptar lo que venga por delante y sacar el mejor partido de ello.
Pero hay algo triste en todo eso.
Es como si alguien estuviera decidiendo por mí; como si no tuviera otra opción que seguir andando y hacerlo lo mejor posible cuando, poco tiempo antes, tenía varias puertas delante de mí y yo tenía las llaves de ellas para abrir la que se me antojara. Es como una burla grotesca, y, más aún, cuando lo que tengo delante resulta monótono, aburrido, sin estímulo.
Quiero creer que puede mejorar, que siempre queda algo por aprender, que hay retos nuevos donde no había nada, que pueden surgir proyectos nuevos ..… pero ahora no veo nada.

Entre todas las hojas sueltas que he seleccionado para revisar, había otra, escrita muchos años después; en 2009.

He llenado muchas páginas, he escrito muchas palabras, he comentado cosas del trabajo en el laboratorio y sobre lo que me hacia sentir. Pero hasta ahora que he terminado no he sabido que era un precio que estaba pagando por un tiempo de total libertad sin preocupación económica.
Es lo que tiene ser despedida por consecuencia de la crisis, directa o indirectamente.
Paro e indemnización hacen el milagro; aguantar sin tirar la toalla por muchas ganas que haya tenido de hacerlo en numerosas ocasiones, es lo que me ha hecho llegar a esta bendita situación.
No quiero gastar más tinta en palabras que cuentan cosas de ese tiempo, pero en reconocimiento a todo lo bueno que también he encontrado allí, quiero atender aún estas últimas que pretenden cerrar esa parte de mi vida correctamente.
Es curioso sentir que los que parecen los triunfadores de esta remodelación empresarial creo que, en definitiva, son los que llevan la peor parte; aunque también es cierto que podría ser que no vivieran la situación en la que me encuentro yo de la misma forma y con el mismo entusiasmo.
Recuerdo bien que una de las cosas que me hizo decidirme a aceptar este empleo fue la imagen de la Virgen que vi en aquella oficina el día que tuve la entrevista. No tenía muy claro que fuera capaz de aprender todo aquello tan distinto a lo que había hecho hasta entonces; pero la vi y, de alguna forma instintiva, confié en que aquel era el sitio en el que debía estar.

Las notas de ese día acaban aquí porque solo era una página que quedó suelta de alguna libreta y si te la he traído junto con la otra más antigua es porque a mí misma me ha chocado encontrarlas juntas y ver los diferentes enfoques con que observaba cada situación.
Angustia y decepción ante la perdida de un posible trabajo y alegría y entusiasmo al perder el último. ¡No se puede tener actitudes más opuestas! He aprendido algunas cosas en ese lapsus de tiempo; entre el afán por acceder a un trabajo que me daba prestigio y la tranquilidad de perderlo sabiendo que las espaldas quedan cubiertas por un tiempo; consciente de que ese privilegio conlleva la posibilidad de hacer cosas importantes, cosas que no se suele tener tiempo para dedicárselo.
He hecho muchas cosas desde que terminé en el laboratorio, pero ¿he aprovechado ese tiempo también para entregarme con empeño y coraje a desentrañar el galimatías en el que me encuentro?
Quizá sea ahora, en la recta final de ese periodo, donde haya empezado a atisbar la luz que me guía por esa senda, a comprender la razón por la que es necesario hacer todo esto. Y ahora debo esforzarme doblemente, porque ya se oye el tictac de la cuenta atrás. O, quien sabe si ese tictac lo que anuncia es que se ha puesto de nuevo en marcha un reloj que llevaba mucho tiempo parado.


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Llevo un rato por aquí, leyendo, enviando correos, mirando las maravillosas cosas que escribe Carmen...y cuando acabo todo eso, me quedo mirando esta ventana azul y me digo ¿Y ahora qué? ¿vas a escribir algo? Lo primero que pienso es en asomarme a esta y contarte algo, luego me doy cuenta que suelo hacerlo en el diario y, entre un pensamiento y otro, aparece el tercero diciendo algo como: con lo bien que podías estar haciendo punto, viendo la tele, inhibida de toda elucubración mental, de complejas divagaciones que no van a resolverle la vida a nadie, ni siquiera a ti misma...
Y es cierto, todo eso es más fácil, cómodo, tranquilo – y no es que haya nada malo en estar haciendo punto y viendo la tele- pero lo principal es que es una opción que llega para que esconda la cabeza en ella. Como el avestruz que esconde la cabeza cuando detecta algo que le preocupa. Como la avestruz, que deja sus huevos en tierra para que los incube el calor del suelo y ni se vuelve a mirarlos (eso lo he aprendido leyendo Biblia). Hay muchas veces que es muy difícil mantenerme sentada aquí, seguir indagando en la impresión que me ha causado un pensamiento o expresar algo; es difícil hasta concretar un pensamiento determinado porque hay tantos dando vueltas que no soy capaz de seguirle el hilo a ninguno. Y lo mejor en esos momentos, es … ¿Qué es lo mejor realmente? ¿ordenarle silencio a la mente...buscar entre todo ese barullo alguno que diga algo en verdad interesante..tratar de discernir entre todo ese vocerío si está sucediendo algo importante dentro de mí misma que soy incapaz de percibir por tanto alboroto..o cejar en cualquier empeño y esperar otro momento mejor, más calmo, más lúcido?

Pensaba antes en ese famoso blog que muchas veces imaginaba tener en el que fuera contando lo mismo que cuentan todos los blog..sobre uno mismo. Me he acordado de todas las palabras escritas que nos han dejado algunos buenos pensadores, maestros, guías... y en que casi son frustrantes porque en cuanto vemos su capacidad de comunicación, expresión y claridad mental, de inmediato llega la valla que dice: “yo no tengo nada tan bien expresado para compartir.. si aún ando en lides con mi propio yo ¿qué puedo compartir? ¿qué puedo aportar?”
Pues fijate que se me ha ocurrido que lo que se puede aportar es precisamente eso, los pequeños pasos que dan los que no son gigantes, los que andamos un día con luz y otro en sombras, sumergidos aún en cientos de preguntas, dudas, indecisiones ...que vemos a los iluminados como muestras de un estado inaccesible para los corrientitos, los que andamos percibiendo luces que pretendemos alcanzar a manotazos, pero no desistimos de llegar a acariciar alguna al menos.
Y me resulta curioso recordar que muchos místicos distaban mucho precisamente de vivir en paz, de sentir esa paz de la que tanto se habla; que hasta Jesucristo habló de sí mismo diciendo “ahora mi espíritu está turbado...”
Creo que la paz se puede alcanzar; pero eso no significa que se pueda aparcar en el garaje de tu ser interior como una propiedad que nadie más va a tocar. Es volátil, ligera, etérea, sensible, susceptible … pero también es fiel y vuelve de inmediato en cuanto se ve amada, llamada y mimada. Y, cuando lo hace, permite que oigas cosas que no oías, a pesar de que estaban al ladito mismo.

A la vez que pensaba en ese soñado blog y escribía esto, se me ha ocurrido una idea que parecía brillante. Hacerlo, pero no para el gran público, sino para ti; imaginando que un día cualquiera, de la misma forma casual, misteriosa y milagrosa en que nuestras vidas se cruzaron a través o gracias a internet, la misma red podía ser la que, de nuevo casual, misteriosa y milagrosamente, hiciera que un día, paseándote por Dios sabe qué páginas, te toparas con ese blog, entraras en él y descubrieras que soy yo y que sigo aquí; esperando saber algo de ti. Y, lo más curioso es que lo he hecho, he abierto ese blog y le he puesto un nombre. Era un blog de prueba porque no tengo ninguna experiencia en ese aspecto y quería ver qué aspecto podría tener.
Una vez hecha esta prueba, me he percatado que el nombre es importante, que puede ser la forma en que llega a ti y se me ha ocurrido ver qué pasaba si escribía el titulo en Google. Patético.
Han salido doscientos mil y el blog ni siquiera se ha mostrado así que las posibilidades se reducían demasiado. Y se me ha ocurrido probar con otros más específicos, otros que solo son tuyo y mio … y ha sido … perturbador.
Por Alhadar salen muchos sitios (eso ya lo comprobé hace mucho tiempo y descubrí que es un apellido común en la cultura musulmana) así que he probado con yosoyser pensando que podría ser una forma de buscarme si algún día decidías hacerlo y ¡¿sabes qué?! ¡Me han robado el nombre!
Vamos a ver....ese nombre fue creado de una forma tan especial que no entiendo cómo alguien ha podido llegar a ese mismo nik y usarlo. Vamos, que me imagino que lo que puedes sentir tú mismo si se te ocurre ponerlo alguna vez en el buscador, debe ser lo mismo que sentí yo cuando puse el tuyo y me salió un tal alhadar jugando a no sé qué juego …. ¿pero como osan usar nuestros nombres? ¿Qué te parece si hacemos un complot en contra de ellos?

Bueno, como puedes suponer todo este desmadre es un juego de bromas...pero lo de los nombres es cierto. Curiosamente me ha servido también, entre busqueda, enganche a otros datos, etc, etc, etc … ver que hay dos formas de escribir el nombre de Isam y que cada una es en realidad un nombre. Una es Hisham y la otra Issam; la primera significa: generosidad y la segunda: refugio. En lo que a mí respecta, y sin privarle de la generosidad y el desprendimiento que entiendo supone acercarse a mí, Issam siempre ha sido un refugio, desde el primer momento; la primera imagen que tengo de él es precisamente esa, un refugio.
Por cierto ¿sabías que hay un lugar en Iraq que se llama Al-hadar? ¿y que Adar es el nombre de uno de los meses del calendario judío? Hasta es nombrado en la Biblia.
Estoy un poco confusa o confundida con todo esto que te he escrito hoy y con esa exploración de los blog. Por una parte es como si te hubiera definido o hubiera encontrado una forma de concretarte más mentalmente; como haber encontrado una ventana que me asoma al mundo entero y con la que se anima la esperanza de volver a encontrarte. O quizá solo es mi ego personal que ha encontrado un canal de expresión o quizá, vete tú a saber, es que esa es la forma en que reaviva la chispa que necesito para encontrarle algún sentido a todo esto. Aunque no sea el verdadero.

¿Sabes cómo creo que habría comenzado el blog? Diría:
Querido esposo mío, como me dijo Einstein en uno de mis viajes a Marbella, el que no intenta lo absurdo, no logra lo imposible, y en un estado similar a lo que para muchos puede parecer demencia, abro esta ventana al mundo entero con la esperanza de que, en algún momento tú pases por delante y te asomes a mirar lo que hay al otro lado; y no solo eso, sino también que me veas, me reconozcas y puedas o quieras hacerme saber de ti. Tanto si llega ese momento como si no, aquí, estaré; asomándome todo lo más posible y lanzando al viento palabras que nacen en mí para ti”. A partir de ahí … lo que surja. Creo que el título del blog podría ser: “Hasta el infinito; y más allá”.
Pero sucede algo. Ese espacio estaría bien para conectar con Alfredo; pero no para expresarme con total y absoluta libertad como lo hago aquí; porque no hablaría igual.
He hecho una tourne, casi de salto en salto, mirando algunos blogs para ver lo que la gente hace y básicamente, he encontrado dos tipos, bueno, tres: profesionales, del pueblo y pufffff, infumables.
En lo que catalogo como profesionales incluyo todos aquellos que tratan temas de interés público, definidos, concretos y, normalmente, adheridos a publicaciones importantes o muy profesionalizados.
En el segundo grupo entraría toda la patrulla de humanos de este planeta que deciden hacer su blog y contar lo que les interesa, apetece o quieren enfatizar y en los Puffff, entraría la basura del mundo.
Bueno, pues en ese segundo grupo en el que estaría tu querida, loca y extravagante esposa, he encontrado un nivel de mediocridad tal, que espanta.

Pero ¿qué está pasando? ¿en que puñetas estoy pasando todo el tiempo desde media tarde? ¿Realmente es algo para tomarlo en serio?
Creo que es mejor ponerle punto final por hoy y recordar que tengo que levantarme a las 7:30.
Espero no haberte machacado en exceso. Ya sabes, inconvenientes de permanecer en silencio; nunca sé cuando te aburro.

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